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JESÚS "EL MAESTRO"

Excursus histórico-carismático

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Eliseo Sgarbossa ssp

 

7. Fiestas y Congresos del Evangelio, celebración litúrgica de Jesús Maestro

Expresión de homenaje al Divino Maestro e iniciativa promocional de las nuevas actividades apostólicas fue la celebración de la fiesta anual del Evangelio. De un episodio referido por una testigo de la época resalta el espíritu que la animaba: «Un día, entre 1924 y 1925, el Primer Maestro nos convocó en la capilla y anunció: "Mañana no habrá clase porque tenemos una hermosa novedad que festejar". Y añadió: "Ahora nos debemos preparar y purificar con una confesión sacramental". Se celebró una devota función penitencial y al día siguiente, al entrar en los locales del apostolado, vimos la "novedad": eran los pliegos de la primera edición del Evangelio impreso en Casa, que nosotras tendríamos que doblar y encuadernar: por eso nos habíamos preparado, porque —decía el P. Alberione— las obras de Dios han de cumplirse "con manos inocentes y puro corazón"». Otra vez, siempre según el relato de esta testigo, «el P. Alberione nos rogó que fuéramos a rezar, sin dejarnos tiempo para arreglarnos después del trabajo de apostolado. Y a quien le objetaba que no era elegante presentarse en la iglesia con las manos manchadas de tinta o de cola, respondió: "¡Al contrario! Mostradle a Jesús vuestras manos sucias, y decidle: Maestro, hemos trabajado por ti y por el Evangelio; pero tú lava nuestros corazones y nosotros seremos dignos de difundir tu Palabra". Después, apenas estuvieron listas las primeras copias del Libro sagrado, el volumen fue expuesto en la iglesia. Desde entonces, creo, se empezó a recitar la jaculatoria: "Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, ten piedad de nosotros.(136)

Con este espíritu se celebraba cada año la fiesta del Evangelio, y lo mismo se exhortaba a hacer en todas las diócesis y parroquias, con insistentes invitaciones en la Gazzetta d’Alba y, a escala nacional, con artículos en Vita Pastorale.(137) En el boletín UCBS se reiteraba que tal fiesta es necesaria y urgente, por una serie de razones, precedidas del lema "Hace falta":

Subrayamos esta expresión nueva: "Dios Maestro", referida a Jesús, digno de ser llevado en triunfo no solamente en la procesión eucarística, sino también en su revestimiento de libro impreso.

Un modelo ejemplar de fiesta parroquial del Evangelio fue la celebrada en Benevello,(138) que concluyó con una solemne "promesa" hecha al Maestro Divino y con un compromiso de culto de notable relevancia, del que nos ocuparemos más adelante.

A favorecer el culto al Libro sagrado contribuía la praxis, entonces en sus albores, del "Congreso nacional del Evangelio". En 1925, el Congreso se celebró en Bolonia, y la relación introductoria corrió a cargo del salesiano P. Cojazzi, conocido escritor y educador, sobre el tema "El Evangelio como medio de formación y educación". La relación, recibida con entusiasmo y ampliamente resumida, fue publicada en el boletín UCBS.(139) Al año siguiente, 1926, el Congreso tuvo lugar en Milán, en la Universidad del Sagrado Corazón, y fue seguido por los Paulinos con el mismo entusiasmo (cfr PP 872-873, 890).

En 1927 fueron los Paulinos los que organizaron el III Congreso nacional, que se celebró en Alba el 30 de junio.(140) De aquel evento, precedido y seguido por numerosas manifestaciones culturales (entre ellas espectáculos de contenido bíblico) y actividades promocionales varias, se dio una amplia y entusiástica relación en UCBS (cfr PP 880-895).

Mientras tanto, desde la primavera de 1925, el P. Alberione había propuesto un ensayo de liturgia propia para la celebración del Divino Maestro, sacando el formulario del domingo de Sexagésima.(141) - (sumario)

8. Las "Promesas a Jesús Maestro": una profesión de fe

Cabe señalar la conclusión de la fiesta del Evangelio celebrada en Benevello, con motivo de la solemne "promesa" hecha a Jesús Maestro y formulada por el párroco al término de la adoración eucarística.(142) Toda la oración, como se infiere del texto, está estructurada según el esquema de las "promesas bautismales" de la liturgia pascual: un "símbolo" de fe, una declaración de fidelidad al "Maestro universal e infalible", un compromiso de renuncia al "falso maestro" y una promesa de adhesión al Evangelio en todas sus expresiones. Reparemos, particularmente, en la insistencia en el término "discípulo" y en la actitud humilde y penitente de éste con relación a Jesús Hostia: evidente alusión al "sueño" alberoniano y a la oración del ofertorio.

Animado por esta y otras experiencias positivas, el P. Alberione quiso que se repropusiera para todas las parroquias un esquema de celebración para la "Fiesta del Santo Evangelio o del Divino Maestro". Tal esquema sugería el modo de la preparación, el desenvolvimiento de la jornada y su conclusión. La idea-guía, a inculcar a los fieles, era ésta: "Debe entrar el Evangelio [en todos los hogares], y debe salir la mala prensa". En consecuencia se proponía al párroco que expusiera el Libro sagrado ante el Smo. Sacramento expuesto, y distribuir después los ejemplares del mismo a los fieles desde la balaustrada, "como la sagrada Eucaristía". La jornada debía concluir con una solemne adoración, durante la cual sugiere que el Evangelio fuera dignamente expuesto en todas las casas, como en la parroquia, y que todos los fieles expresaran "en voz alta" su propia adhesión a Jesucristo Maestro, mediante un formulario de "promesas".(143) Tal formulario, en comparación con el de Benevello, es más sobrio, pero insiste repetidamente sobre la "condena" y el "alejamiento" de la mala prensa, y se enriquece con la aproximación del magisterio del Papa al del Divino Maestro.

Una vez más era formulada, como empeño de coherencia con la propia fe bautismal, la adhesión al Evangelio como "cátedra" auténtica del Maestro, que se contrapone en sentido constructivo a las fuentes contaminadas y negativas de la prensa contraria.

A la raíz de tal actividad promocional del Evangelio estaba una intensa obra de mentalización dentro de las comunidades paulinas, tanto masculinas como femeninas. El mes de enero de aquel mismo año de 1927 había sido consagrado, como de costumbre, al Divino Maestro. Y fue un mes particularmente intenso: cada día se abría con una meditación dictada por el canónigo Chiesa sobre Jesús Maestro. "El fruto fue muy bueno", comentaba el cronista, explicitando: "cada vez más estima de la Biblia, del Evangelio, de las enseñanzas del Papa, y deseo de que la devoción a Jesús Maestro cunda más y más" (UCBS 20 febr. 1927; PP 464). Y el domingo 30 de enero, solemne conclusión del mes y "Fiesta del Divino Maestro", se distinguió por la toma de hábito de los clérigos, los cuales —subrayaba el cronista— "hacen de maestros en la imprenta" a los alumnos más jóvenes (cfr PP 225).

En el curso del mismo año las comunidades paulinas tuvieron entre sus manos dos textos de notable importancia para su devoción: el volumen del canónigo Chiesa sobre Jesús Maestro y el nuevo libro de Oraciones de la Pía Sociedad de San Pablo. Del primero nos ocuparemos dentro de poco; del segundo baste observar que documenta por primera vez la introducción de fórmulas inspiradas en el Divino Maestro, como la invocación del principio: "Jesús, Maestro, Camino, Verdad y Vida, ten piedad de nosotros".(144)

Culminación celebrativa de aquel 1927, además del III Congreso nacional del Evangelio, fue la colocación de la primera piedra de la iglesia al Divino Maestro, en construcción en la periferia oeste de Alba, barrio de San Casiano. Por el boletín UCBS del 20 de julio nos enteramos, en efecto, de que, mientras está surgiendo entre las casas de la Pía Sociedad el gran templo dedicado a San Pablo, "empieza a perfilarse también la iglesia al Divino Maestro", cuya primera piedra será bendecida el 21 de agosto.(145) Y en el boletín del 20 de septiembre sucesivo podemos leer la pintoresca crónica de los "solemnes festejos", con el rito de bendición oficiado por el Obispo, en presencia de las autoridades ciudadanas y del clero, y con la "larguísima procesión vespertina aux flambeaux", durante la cual "el Maestro Divino pasó por primera vez triunfalmente por el Borgo consagrado a él" (PP 262). No se olvide que, desde hacía cerca de dos años, todos los esfuerzos económicos del Fundador estaban encauzados a la construcción del templo a San Pablo y de la papelera contigua. (sumario)

9. San Pablo y la "tesis" de su templo

Volvamos, pues, a enero de 1925. En un llamamiento dirigido a los Cooperadores a fin de que "se unan [en colaboración] para la propaganda", se compara la Sociedad de San Pablo con un párroco dedicado a "popularizar el Evangelio"; más aún, se la presenta como una madre que alimenta con su propia leche a sus criaturas. El alimento que ofrece es la vida de Cristo, "que está en medio de ella, expuesto continuamente en la iglesia [como Eucaristía] y en los trabajadores [como Evangelio], y dice: Yo estoy con vosotros, desde aquí quiero iluminar". Y he aquí los frutos: "Los que reciben las ediciones que parten de él [Cristo], reciben su luz, su palabra, su Evangelio: luz que se llama libro, boletín, pero luz divina que disipa las tinieblas, que ilumina a los hombres, que encamina a la vida eterna" (UCBS 20 enero 1925; PP 662). Este concepto era repetido y explicitado algunos meses más tarde, a propósito del periodismo católico, entendido como "cátedra" del Maestro Divino y antídoto contra el veneno de las "cátedras de pestilencia".(146)

La fuente luminosa es, pues, Cristo "expuesto continuamente en la iglesia". Pero ¿en qué iglesia? No existía entonces más que la pequeña capilla erigida entre las hortalizas,(147) en espera del templo que surgiría como centro de todo el complejo paulino. De este templo, en junio de 1925, se anticipaba el proyecto gráfico, precisando que se abriría al público para la adoración perpetua, pero que servirá sobre todo para la Pía Sociedad de San Pablo, "de la que será el centro de camino, verdad y vida". Por eso, se añadía, la iglesia "es construida de tal modo que, por medio de tribunas y aperturas, se pueda permanecer como en continua comunicación con el Divino Maestro" (UCBS 15 junio 1925; PP 566).

Tal información servía de invitación a los festejos organizados en honor de san Pablo programados para el 28-30 de junio.(148) Pero ya en el mes de marzo se había anunciado el tema arquitectónico del templo en construcción, el cual debía ser "construido y ordenado enteramente para expresar una tesis". Ésta: "Como san Pablo [conocedor e intérprete auténtico de Cristo, así también nosotros] recogemos de los labios del Divino Maestro, bajo la sombra protectora de la Reina de los Apóstoles, la divina Palabra, que a través de la prensa se transformará en vida, camino y verdad para las almas" (UCBS 15 marzo 1925; PP 555).

Reparemos en el alcance de esta fórmula, que traduce puntualmente la idea y la praxis del P. Alberione incluso en materia de edilicia sagrada. En efecto, contiene los elementos esenciales de la teología alberoniana del apostolado: ante todo la actitud discipular del Paulino que, a imitación del Apóstol, está atento a las enseñanzas del Maestro; en segundo lugar, la divina Palabra que se extrae de la boca del Maestro, pero para ser traducida y divulgada mediante el instrumento editorial, y esto para transformarse —tercer elemento— en vida, camino y verdad (la triple dimensión del magisterio) para la salvación de las almas. Analizando ulteriormente la fórmula, podemos reconocer en ella el núcleo central de aquella síntesis que irá madurando y precisándose definitivamente en los tres decenios sucesivos.(149)

La figura de san Pablo es determinante para la comprensión y la traducción del magisterio de Jesús, como el P. Alberione no se cansa de repetir.(150) Gracias a Pablo, Cristo Maestro alcanza a todos los hombres, ya que él es el Apóstol universal. "San Pablo es un santo que ejerce un atractivo especial en el corazón y en la mente de los pueblos... él fue y seguirá siendo en los siglos un imán poderoso que atraerá dulce y fuertemente a las naciones. ¿Motivo? Él se transformó en Cristo y participa por tanto de su poder". La vía de tal identificación está en el hecho de que Pablo "comprendió el íntimo sentido del corazón y de la mente del Divino Maestro" y, por eso, conquistó de modo imperecedero el corazón y la mente de los pueblos con el Evangelio y con la gracia de Cristo (UCBS 25 julio 1925; PP 566-567).

Por eso, desde 1922, también al apóstol Pablo, como al Divino Maestro, está dedicado un mes —junio— y su devoción se recomienda repetidamente, tanto dentro de las comunidades paulinas como entre los Cooperadores.(151) A tal fin, como instrumento de catequesis y de animación, fue publicado en 1925 el áureo librito Un mes a San Pablo, fruto del esfuerzo conjunto del P. Alberione y del Maestro Giaccardo.

Para subrayar la unidad de magisterio entre Cristo y su Apóstol, el templo de san Pablo tendría que albergar en su centro el altar dedicado al Divino Maestro (cfr PP 566),(152) sobre el cual campease la custodia para la adoración perpetua.(153) En efecto, desde él "el Divino Maestro difunde sus rayos, que son el Camino y la Verdad y la Vida [y] que forman a los apóstoles de la prensa..." (PP 558). (sumario)

10. El Divino Maestro en Roma

En enero de 1926 se llevó a cabo la fundación de la primera casa paulina en Roma. Las crónicas del tiempo abundan en particulares (cfr PP 266-281), pero ahora sólo nos interesan las referencias a Jesús Maestro y las motivaciones del P. Alberione que hizo propias el Maestro Giaccardo, fundador de la nueva comunidad junto con Maestra Amalia Peyrolo FSP. El P. Giaccardo mismo informaba a los hermanos albeses que la casa de Roma estaba "protegida de modo extraordinario por el Divino Maestro", aunque lamentaba que, faltando el altar para la capilla, "no ha venido aún a habitar entre nosotros" (UCBS 20 abril 1926; PP 269 y 276). No obstante, añadía, "el Divino Maestro nos ha mandado varios semanarios diocesanos y nuevos boletines parroquiales" (obviamente para imprimir). Y comentaba: "El Divino Maestro es la Verdad... El periódico católico defiende la Verdad y la Iglesia" (Ib., 20 oct. 1925; PP 664).

¿Por qué una casa en Roma? La razón estaba presente en el ánimo del P. Alberione desde el principio, pero fue explicitada en 1954. Y era doble: una estrategia de expansión geográfica y un cálculo de valor carismático. La primera era formulada así: "[Si] desde Alba se miraba a Italia, desde Roma [se mira] de modo especial a las naciones extranjeras". La segunda razón, más determinante y "clara", era la siguiente: "Se [va] a Roma para sentir mejor que la Familia Paulina está al servicio de la Santa Sede; para recabar más directamente la doctrina, el espíritu y la actividad apostólica de la fuente: el Papado". Y este pensamiento, precisaba el P. Alberione, lo llevaba en el corazón desde 1911, cuando "pudo pararse a rezar en la tumba de san Pablo" (AD 114-116).

El Papado: ésa es la fuente, el sacramento visible del divino Magisterio, el criterio de autenticidad y la garantía de la fidelidad doctrinal. En tal sentido había dado luminoso testimonio un telegrama de homenaje dirigido al Papa por parte de los miembros del II Congreso nacional del Evangelio celebrado en Milán en otoño de 1926, que lo saludaban como "Vicario del Maestro Divino, eco e intérprete viviente [de] su perenne Evangelio...".(154)

La misma importancia se daba a la primera fiesta del Divino Maestro en Roma, celebrada el 30 de enero de 1927, que marcaba el comienzo de la presencia eucarística en la comunidad paulina romana (cfr PP 274). (sumario)

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