Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo

JESÚS "EL MAESTRO"

Excursus histórico-carismático

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Eliseo Sgarbossa ssp

 

3. Los "años turbulentos"

Dentro de esta "gran turbación" se había consumado la crisis personal del joven Alberione.(41) Aquella crisis, que había estallado a la edad de dieciséis años en la primavera de 1900, no debe ser ignorada, pues determinó su expulsión del Seminario de Bra e incidió tan profundamente en su psicología que la marcó para siempre con los estigmas del "convertido". A las turbaciones y relajamientos de la adolescencia se había añadido el contagio, mucho más grave y profundo, por parte del mal del siglo: la seducción de la "modernidad" y el descubrimiento de un continente prohibido, identificado con todo aquello que procedía de la literatura europea de finisecular.(42)

De esta crisis, afectiva e intelectual al mismo tiempo (motivada por un aluvión de lecturas incontroladas: unos sesenta libros en apenas unos meses) encontramos indicios en el diario juvenil, que podemos considerar como las Confesiones del joven Alberione.(43) Él habla de un "alma envilecida" y tentada por el suicidio,(44) que no quiere morir, pero acepta la muerte como "sacrificio de expiación";(45) habla de un "terrible estado",(46) de una "maraña de desgracias y de engaños",(47) de infelicidad,(48) de "años turbulentos y fatales", de "ilusiones" y de "abismos";(49) de "fuerzas gastadas en holocausto al demonio";(50) en una palabra, de un reino devastado,(51) sobre el cual por fin se enciende la luz de esperanza.(52) Expresiones dramáticas, debidas en parte al género "crepuscular" del tiempo, con las cuales el veinteañero seminarista recargaba subjetivamente una experiencia adolescencial, tal vez no tan desastrosa en realidad.

Sin embargo el clérigo Alberione no era el único que pagaba este precio a los malos maestros: otros compañeros, tanto en Bra como en Alba, se habían visto igualmente contagiados. Por él mismo nos enteramos que entre los seminaristas circulaban clandestinamente publicaciones de tal género que él denominó "libracos" y "periodicuchos".(53) Y por otras fuentes sabemos que los clérigos del seminario albés, infatuados por las nuevas ideas, impugnaban la enseñanza de Francisco Chiesa y acudían a los sacerdotes con fama de modernistas, mientras que otros de Rímini escribían a Fogazzaro, planteándole cuestiones no sólo literarias sino también religiosas y pastorales.(54)

Comoquiera que sea, el efecto de tales contactos fue para el joven Alberione una especie de vértigo, como el de un náufrago arrastrado por un remolino, que invoca un asidero, una luz, una salvación. A ello siguió la experiencia de la conversión como iluminación, unificación interior y orientación. (sumario)

4. La "luz de la Hostia"

"Todo le sirvió de aprendizaje", afirmó el P. Alberione anciano, recordando las "muchas desviaciones" de principios del siglo XX (cfr AD 90). Pero, pasado aquel período turbulento, sopesó el peligro superado en toda su gravedad y atribuyó su propia salvación a una especial intervención de lo alto: "La gracia de Dios y de María me salvó" (SC 93). Aquella "gracia de Dios" —que, sacándole del vórtice, le hizo descubrir conjuntamente al "Maestro" y el magisterio del Papa, su "faro" visible— tuvo su culminación en la noche santa entre el 31 de diciembre de 1900 y el 1 de enero de 1901. A aquella experiencia carismática hace remontar él la luz providencial que iluminó su vocación de consagrado y fundador (cfr AD 13-22).

Los primeros resplandores de aquella luz fueron encendidos en él por los maestros del pensamiento cristiano, escuchados o conocidos en aquellos meses (cfr AD 14),(55) los cuales inflamaron su ánimo y el de muchos jóvenes con sus llamamientos a la consciencia y a la acción. Gracias a ellos, el P. Alberione empezó a abrir los ojos de creyente sobre la situación socio-religiosa del momento. Pero la luz determinante le "vino de la Hostia" (AD 15), y en aquella "luz" comprendió muchas cosas: la llamada de Jesús: "Venite ad me omnes", que era como decirle: "Venid todos a mi escuela"; el sentido de los llamamientos pontificios; la verdadera misión del sacerdote y la necesidad de la preparación adecuada, a sabiendas de su propia insuficiencia, sostenida por la confianza en Dios; la urgencia de "oponer prensa a prensa", expresión que en otras partes será traducida por "oponer cátedra a cátedra"; en la certeza de poder contar con el gran recurso del Maestro siempre presente ("Vobiscum sum...") y que "en Jesús-Hostia se podía tener luz, alimento, consuelo y victoria sobre el mal" (AD 15-16).

A esta toma de conciencia siguió una asunción de responsabilidad, con una serie de resoluciones y proyectos cada vez más definidos, en vista de un compromiso personal de toda su vida: trabajar por el saneamiento de la cultura, por un nuevo impulso misionero, por la aceptación de las enseñanzas pontificias, por el uso apostólico de los nuevos medios, y todo ello resumido en pocas palabras de orden: Eucaristía, Evangelio, Papa, Nuevo siglo, Nuevos medios, Nuevos apóstoles, Nueva formación de sí y de los candidatos con precisa orientación a tales tareas (cfr AD 19-21). (sumario)

Sigue

Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo