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JESÚS MAESTRO
Y EL MAESTRO EN NUESTRA FORMACIÓN
SEGÚN EL P. ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por José Bortolini ssp

 

Sumario

I. Jesús Maestro, el formador de los Apóstoles

Iluminación bíblica

II. El maestro de grupo en el pensamiento del P. Alberione

1. Examinando el camino recorrido

a) La identidad del "Maestro de grupo"

b) ¿Para qué un Maestro de grupo?

c) ¿Hay un signo de una vocación bien lograda?

d) Cualidades

2. Método Camino, Verdad y Vida en el estudio:
crecimiento de la personalidad

3. Algunas indicaciones para nosotros

4. Algunos tipos de "método formativo

a) Estilo antiguo que genera una formación continuista

b) Estilo de formación reformista

c) Método formativo de ruptura

 

I. Jesús Maestro, el formador de los Apóstoles

Cuando leemos los evangelios —especialmente los Sinópticos— en la óptica de la relación maestro-discípulo, nos damos cuenta en seguida de la importancia que tiene este tema para todos los que quieren encontrar en el evangelio un punto de partida con vistas a una pedagogía formativa. El P. Alberione descubrió este filón y nunca dejó de insistir en sus sermones y escritos en que la relación maestro-discípulo en el evangelio vale también en el campo de la formación (formador-formando) y en todo el itinerario de la vida consagrada paulina.

Los textos del Fundador que tratan de esta relación son abundantes. Una frase tomada del CISP (p. 775) parece la síntesis de todo lo que dijo al respecto: «Jesús se reservó la elección y la formación de los Apóstoles, y por eso quería que estuvieran siempre a su lado». (regrese al sumario)

Iluminación bíblica

Mi punto de partida para profundizar en este aspecto es el evangelio de Marcos. Según muchos investigadores, este evangelio nació con un finalidad muy concreta: ser una especie de "catecismo para los catecúmenos". Siguiendo paso a paso el evangelio de Marcos, los que se preparaban a recibir el bautismo elaboraban una respuesta a la pregunta que está presente a lo largo de este evangelio: «¿Quién es Jesús?». Al responder a esta pregunta, los catecúmenos comenzaban a darse cuenta de lo que era el Reino que Jesús anunciaba ya próximo y activo gracias a su acción liberadora.

Pero el evangelio de Marcos no se preocupa sólo de señalar "quién es Jesús". Simultáneamente se desarrolla y toma cuerpo otra pregunta que se lee en él: «¿Quién es el discípulo de Jesús?». En el final primitivo (16,1-8), un ángel da por medio de las mujeres una orden a los que habían estado con Jesús: «Id, decid a los discípulos y a Pedro que él irá delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como él os dijo» (16,7). En otras palabras, los discípulos podrán ver a Jesús resucitado sólo si vuelven a Galilea para cumplir las mismas cosas hechas por él en aquella tierra de gente pobre y marginada.

El evangelio de Marcos tiene, grosso modo, dos partes: 1,1-8,26 y 8,27-16,8. Entre los múltiples aspectos que de cada una de ellas podrían destacarse, hago hincapié en ésta: en la primera parte (1,1-8,26) Marcos agrupa los milagros de Jesús porque su Reino se aproxima y concreta cada vez más mediante su acción. La segunda parte (8,27-16,8) se caracteriza por la catequesis personalizada de Jesús a sus discípulos (cfr 9,31). Marcos presenta al comienzo de esta parte tres anuncios de la Pasión (8,31; 9,30-32; 10,32-34). Marcos nos ofrece después de cada uno de ellos una reacción de sorpresa de los discípulos, contraria al camino de Jesús: 1. Pedro rechaza un Mesías doliente y Jesús le llama Satanás (8,32-33); 2. Los discípulos quieren prestigio (9,33-35); 3. Los hijos de Zebedeo quieren poder (10,35-40).

De este modo se destaca la intención "formadora" del evangelio de Marcos. Si por un lado descubrimos progresivamente —por medio de los milagros (1ª parte) y por medio del camino de la Cruz (2ª parte)— «quién es Jesús», descubrimos asimismo, por otro lado, «quién es el discípulo de Jesús».

En este sentido, la primera parte del evangelio tiene un texto que llama la atención y resume muy bien qué significa «formarse a la escuela de Jesús». Se trata de la formación del nuevo pueblo de Dios (la elección de los Doce): 3,13-19. Se dice que «Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos se acercaron a él. Y designó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de echar los demonios» (vv. 13-15). Estos versículos resumen y unen de forma extraordinaria la dos dimensiones: la de ser discípulo de Jesús, es decir, estar con él, y el anuncio del Reino, sintetizado en la expulsión de los demonios. Son como las dos caras de una misma realidad: comunión con el Maestro (estar con él) para una misión que no es otra cosa que hacer lo que el Maestro hace: echar los demonios, es decir, recuperar totalmente a la persona humana creada a imagen y semejanza de su Creador.

En estos versículos se encuentran unidas inseparablemente la espiritualidad/comunión del discípulo con su Maestro (estar con él) y la misión del discípulo, quien prolonga la acción liberadora de Jesús (echar los demonios). La primera no existe sin la segunda y la segunda nos subsiste sin la primera. En este sentido, es oportuno destacar lo que la criada del sumo sacerdote dijo a Pedro: «También tú andabas con Jesús el nazareno» (14,67). Esta afirmación, leída a la luz de la pedagogía formativa del evangelio de Marcos, no se limita a reconocer que Pedro tenía el mismo lenguaje que un galileo como Jesús; al contrario, la frase tiene una finalidad catequética y señala el desafío afrontado por quien se ha decidido a ser discípulo de Jesús. Pedro, sin embargo, niega que hubiera estado con Jesús.

Me parece que este aspecto es suficiente para afirmar una vez más la intuición de nuestro Fundador. De esto dedujo sus conclusiones para el campo de la formación, como veremos a continuación. (regrese al sumario)

Sigue: El maestro de grupo en el pensamiento del P. Alberione - 1 -

 

 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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