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Conocí al Primer Maestro en el año 1928, en los primeros días de febrero, con
ocasión de un curso de Ejercicios Espirituales para jóvenes.
Éramos unas
25. Casi todas las meditaciones las hizo el Primer Maestro.
En la
meditación de clausura del curso, nos dijo:
"Hoy nos
separamos, pero hacemos un pacto, es decir:
Así como el
santo Rosario está formado por sartas y cadena, también nosotros quedamos
unidos con el vínculo de la oración, de esta forma estos Ejercicios madurarán
el fruto para bien de vuestras almas".
Viendo su
frágil persona, observándolo en las largas horas de oración nos salían
espontáneos comentarios entre nosotras participantes:
"Éste es de
veras un santo Ministro de Dios", y frases por el estilo, todas ellas eran
confirmación de la buena impresión que habíamos recibido del Primer Maestro.
Tuve ocasión
de tratar con él en varias circunstancias de mi vida de Discípula del Divino
Maestro durante 43 años. Meditaciones de viva voz, escritos, exhortaciones en
diversas ocasiones, todo me llevó a un profundo convencimiento de que el
Primer Maestro traducía en su alma, en sus pensamientos, aspiraciones y
palabras la práctica auténtica de lo que expresa la Sagrada Escritura: "él
meditaba" continuamente la palabra de Jesús Maestro.
Me convencí
que, desde la noche que pasó varias horas en Adoración ante Jesús Sacramentado
en la Catedral de Alba, su espíritu sacerdotal, toda su persona, quedó como
envuelta en un gran amor a Jesús Eucaristía. Al mismo tiempo, se delineaba
siempre con mayor claridad su delicada misión hacia Jesús-Hostia. Algún año
después de 1928, nos decía en una meditación:
"La Familia
Paulina ha nacido precisamente de la Eucaristía, y de manera del todo especial
os está confiada a vosotras Pías Discípulas del Divino Maestro. Sólo en el
Cielo comprenderéis plenamente esta preciosa vocación".
Examinando,
usando el "Libro de las oraciones de la Familia Paulina" es evidente y se
puede afirmar con toda seguridad cómo el Primer Maestro haya seguido en todo
dócilmente al Espíritu Santo.
Varias veces
nos piden dicho libro personas seglares. De ellos hemos escuchado comentarios
como éste:
"Quien ha
preparado este libro tiene que ser realmente un santo. Se lo nota por el
contenido".
Por mi
parte, habiéndome detenido varias veces en meditación sobre la coronita a la
Reina de los Apóstoles, puedo afirmar por experiencia personal que esta
oración y todo el texto contiene una "vitamina" abundante para el alimento, la
santificación de quien quiera sacar de ella un provecho verdadero.
(13 de
diciembre de 1972)
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