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Miércoles
27 de noviembre, miles de Paulinos, representantes de toda nuestra Familia, se
reunió en la gran y magnífica sala de las audiencias públicas, para cerrar
a los pies del Santo Padre el 60° aniversario de la fundación de la Pía
Sociedad de San Pablo.
Eramos el grupo más numeroso. Por esto el Santo Padre, después de la
presentación de los Obispos que lo circulaban, nos ha dirigido su primer
saludo.
"El grupo más numeroso que
queremos saludar primero es el de la Familia Paulina. Miren como se levanta la
mitad de la sala aquí... ¿Por qué vienen a esta gran y compleja, diré
mejor articulada, Familia a nosotros? Porque celebra el 60° aniversario de la
fundación de la Pía Sociedad de San Pablo, querída y generada, se puede
decir, de la caridad silenciosa y operosa del P. Alberione.
Tenemos ya preparadas algunas palabras, pero la brevedad del tiempo nos
consentirá deleerlas todas: se las haremos leer sobre el periódico, pero
mientras tanto les decímos: Sobre ustedes, amados hijos e hijas, sentimos
aletear el alma dendita y bendiciente del P. Alberione. Miren que lo hemos
conocido también Nosotros personalmente. Recuerdo el encuentro tan
edificante, de verdad espiritual, cuando vino solo a la audiencia: de rodillas
delante, no quiso estar de pie, estaba lleno de su profunda y así vivida
humildad. Es un hombre, diría, que pasa entre las maravillas un poco de
nuestro siglo, justamente porque ustedes con su presencia y actividad
c¿domuentadas de lo que el P. Alberione ha pensado y ha sabido - con el
espíritu de Dios y con el sacrificio constante y amoroso y sabio de su vida-
generar.
La palabra que nos viene más espontánea, diría, en síntesis de todo lo que
Nosotros quisiéramos decir sobre el pensamiento del P. Alberioney de ustedes,
de ustedes que son una Familia, como dec´´iamos, compleja, con diversas
Congregaciones, es la fidelidad! ¿Son fieles? Nosotros lo queremos, Nosotros
lo esperamos. Miren: se llevan en sus corazones, como impreso con una mano
amorosay paterna, Nuestra, en sus corazones este recuerdo: el Papa nos ha
recomendado de ser fieles, ustedes llevarán, diría, el carisma que es el
más adecuado para nuestros tiempos tan turbulentosy tan inquietos, y tan
olvidados de esta coherencia que en vez nuestra fe, nuestra acridad, nuestra
adesión a la Iglesia nos recomienda y nos manda.
Palabra grave fidelidad, pero tambien jugestiva, evocadora, cierto, de una
innegable crisis a la cual aludiremos más adelante, es decir de esta
inquietud que hay en el cuerpo místico y visible de la Iglesia. Pero
justamente por esta palabra estimulante, estimulante despertar de una
comprensión y de una aceptación más profunda y generosa. Si se olvida el
cristianismo, Jesús, el Evangelio y todo lo que es objeto de nuestra fe y de
nuestro amor, se termina, diría en el fondo: entonces es necesario que yo me
adhiera, es necesario que haga de mi vida la fórmula que el Señor ha
inaugurado y llevado a que el P. Alberione nos ha traducido de manera y de
forma de vida vivida.
Un tema, que hace pensar en la "Virgo
fidelis", a la Iglesia "Esposa fiel de Cristo", a todos y a
cada uno de nosotros, miembros del pueblo de Dios, que somos, y debemos ser,
justamente, "los fieles". Los fieles, aquellos que creen
verdaderamente en la Iglesia, que son los hijos buenos, y laboriosos y
activos, que dan testimonio con la vida, de lo que saben y de lo que son;
hijos de Dios e hijos de la Iglesia, fieles! Califica no sólo lo exterior,
como si fuese una calificación anagráfica, puramente burocrática, de
registro, pero penetrante y cumamente empreñativa de todo nuestro ser. Un
argumento, éste, que se relaciona también etimológicamente con la fe; que
invita a desarrollos amplios y que son decisivos, no consentido en estos
momentos, pero que con mucho gusto dejamos y confiamos a la meditación de
ustedes.
Hermanos e hijos, e hijas; sean fieles, les decímos, a la vocación que han
recibido de pertenecer a los Institutos religiosos y espirtuales y seculares,
y a las asociaciones, y a la empresa que ustedes poseen. ¡Sean fieles! Es un
fruto que sale numeroso y fuerte desde el corazón del Fundador de ustedes.
¿Estarán contentos que lo rpoclamemos Beato? Es necesario tiempo, es
necesario tiempo..., pero miren, miren que le corresponde a ustedes hacerlo
beato, a canonizarlo, a hacer notar de verdad que fue un fenómeno superior de
vida religiosa cristiana y espiritual. E ustedes, con su fidelidad, darán el
documento de aprobación, testificarán que es digno de ser de esta manera
honrado y reconocido.
Entonces, tengan siempre profundamente y en todo, el sentido, el coraje y
la alegría de la fidelidad: virtud fundamental e insustituible para el
progreso de ustedes moral y personal, para el crecimiento de sus institutos;
para los demás, es decir los grandes, los grupos de "clientes",
digamos, espirituales, que forman la cabeza de sus obras, a las actividades de
ustedes, las cualessarán de ejemplo constructivo para todo el Pueblo de Dios,
cuya edificación todos debemos contribuir.
Sabemos, y nos consuela mucho, el bien, -damos testimonio, -el bien que hacen,
y que ciertamente deben tener en las formas verdaderamente que dan alegría a
la Iglesia, modelándoles sobre las directivas y sobre el espíritu, las
necesidades verdaderas de la Iglesia.
Les deseo que continúen, y a hacer siempre más y siempre mejor, y
paternamente les animo con Nuestra exhortación y con Nuestra bendición
apostólica".
Después
de la bendición a spotólica, el Santo Padre se detuvo algunos minutos para
saludar a las personalidades de la primera fila. Incluyendo el sotoscrito, le
he dado las gracias por todo lo que nos había dicho y le he confirmado la
sincera voluntad de todos de ser fielesal Fundador y a El.
El me respondió:
«¡Oh!
Los Paulinos... Tengo tanas cosas que decirles... proque los queremos mucho,
porque hacen mucho bien, porque ejercen tanto influencia sobre el pueblo
cristiano. Tengo tantas cosas que decirles -repitió- porque de los buenos
nosotros exigimos mucho. Dígale estas cosas a los suyos... dígales que el
Papa les ama y les sigue con todo el afecto...".
Después
se acercó más a mi oido para decirme una algo en secreto.
Después de haber recibido el regalo de algunas de nuestras ediciones, y
algunos documentales de San Pablo Film, y agradecerle a los respectivo
Directores, continúo saludando a los distintos representantes de nuestra
Familia. De vuelta, se detiene otra vez un momento, me toma las manos y me
dice:
«Oro
mucho por usted y... por esta multitud»
El
Papa se conmovió con una paternidad conmovente. Su tono de voz era amiga y
persuasivo, temblorosa por la emosión. Percibí muy bien que El lleva en el
corazón un gran sufrimiento.
Es absolutamente cierto que el Papa nos ama, nos sigue y nos estima. Por eso
siente también el deber de rellamarnos. Y nosotros lo escuchamos y le
confirmamos toda nuestra total fidelidad.
P.
Luigi Zanoni
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