Testimonios - Papa Pablo VI 
 

LA AUDIENCIA PONTIFICIA DEL 28 DE JUNIO DE 1969

Les hemos hecho esperar con nuestro desagrado y confiamos en la paciencia de ustedes, pero piensen que también Nosotros debemos tener mucha para responder a todas nuestras ocupaciones y a estos encuentros.

Estamos contentos de poder encontrarnos con Ustedes y con todo el corazón.

¡Queridos Co-hermanos e hijos muy amados!

He aquí delante de Nosotros la Pía Sociedad de San Pablo, de Alba (Piemonte), y ahora establecida con su Casa generalicia aquí en Roma. No es, bien lo sabemos, una institución simple, sino una Familia, la "Familia Paulina", compuesta por varios institutos religiosos, que hoy Nos complace recibir cerca de Nosotros, y de esta manera poder hacer una reseña. Aquí están: la Pía Sociedad de Pablo, que consta ya con cincuenta y cinco años de vida, desde cuando inició su ferviente actividad y su amplia y variada expansión, aquí también están las Hermanas de la Pía Sociedad Hijas de San Pablo y con ellas las Pías Discípulas del Divino Maestro; las Hermanas Pastorcitas; las Hermanas apostolinas; y representantes de los Institutos agregados: el de Jesús sumo Sacerdote, el de S. Gabriel para los jóvenes y el de María Santísima de la Anunciación para las jóvenes. He aquí un árbol floreciente con una única raíz y con ocho ramas. Cuanto nos alegramos de tenerles hoy presentes, de reflexionar sobre las actividades que realizan, y de poderles bendecir.

Conocemos estas actividades, que todas están caracterizadas por un espíritu y un objetivo apostólico: de ustedes es el apostolado de las ediciones, el principal; de ustedes es el apostolado litúrgico, el apostolado parroquial, el apostolado vocacional, y el de la intensidad de la vida cristiana en varias categorías de personas. Y bien, recordamos cómo el apostolado de ustedes tuvo su comienzo a través del empleo moderno de los instrumentos prodigiosos que sirven a la así llamada comunicaciones sociales y forma uno de los datos característicos de la Familia Paulina: sirven, es decir, para ustedes en el apostolado: la prensa sobre todo, después la radio, el cine, y ahora nos dicen que también los discos. Y cada uno de estos medios expande su servicio a diversas tareas: los libros, los periódicos, las revistas, las ediciones de las Santas Escrituras, las publicaciones litúrgicas, los catecismos, los cursos de cultura religiosa por correspondencia, y así sucesivamente. Y a este florecimiento de distintas formas de difusión del pensamiento y de la palabra cristiana hace contraste con la difusión geográfica de las iniciativas de ustedes: la obra de ustedes alcanza ya cada continente, muchas naciones; asume características misionera y se abren por todas partes vías nuevas de penetración apostólica. Si nuestra observación es exacta, dos virtudes prácticas distinguen e confieren eficacia al método expansivo de ustedes: es decir, la continuidad, la constancia, la perseverancia, nada de diversión o de improvisación, y justamente ésta parece ser una de las características del Fundador de ustedes: la continuidad en las varias iniciativas. Y la segunda virtud práctica es la capilaridad de la difusión de dichas iniciativas...

He aquí estas valientes Hermanas de ustedes, que van por todas partes. Decíamos en una audiencia que nos hacen pensar en las hormigas que van por todos lados...Podríamos, estando siempre dentro de las comparaciones que nos ofrecen la naturaleza, pensar a las abejas, que hacen las colmenas y llevan la miel, y dan vueltas de acá y para allá, y después vuelven a su centro, creando también en el campo animales, estos prodigiosos insectos, tiene un sentido de la comunidad y de la sociedad entre los vivientes.

La capilaridad, decíamos, de su difusión, es lo que deja entrever otras virtudes - morales y espirituales, éstas, ya que no bastan las prácticas, sostienen este trabajo: y son las virtudes a las cuales elogiamos con cariño que les recomendamos siempre cultivas es decir: la sabiduría administrativa (¡hagamos las cuentas! nos lo dice el Evangelio: prius computans sumptus), el ojo vigilante (también esto parece una cosa simple) sobre las necesidades de nuestro tiempo, el ansia de llevar alimento y consuelo a los hombres de hoy, el espíritu de fidelidad y de sacrificio para dar al instrumento técnico su eficacia, la caridad en la verdad. 

¡Cuántas personas viven en el propio tiempo sin ver nada! ¡Se diría que es miope o ciega: para no ver que aquí hay almas que tienen necesidades! ¡Pero no ven que aquí está la posibilidad de hacer el bien!¡No ven que aquí hay necesidad urgente de intervenir! ¡No ven que aquí hay un apelo de la caridad! ¿No ven que aquí hay necesidad de que alguien se sacrifique y que sirva?

Ahora, es esta vigilancia que el Evangelio nos recomienda tanto: y ella ha sido virtud de la Institución de ustedes.
   
Y después, y después... Nosotros recordamos algunos hechos particulares de nuestro período pastoral en Milán: teníamos muchas ocasiones para participar en inauguraciones de edificios muy hermosos, escuelas u otras cosas, y nos venía siempre a la mente esta consideración: la civilización moderna crea magníficos instrumentos, como si uno creara un bellísimo pianoforte, pero no crea a quien pueda tocar este pianoforte; crea las escuelas, pero no crea a los maestros, o maestros que puedan hacer el bien a los alumnos, a las almas, maestro de los cuales tiene necesidad sus vidas, su salvación. Somos mas expertos en crear instrumentos que en crear movimientos espirituales verdaderos. El cristianismo, en vez, muchas veces es despojado de instrumentos, pero tiene esta virtud y esta dignidad  príncipe de la palabra y de la gracia.

Y ustedes han sabido unir estas cosas: el instrumento  con el fin, el objetivo y el contenido que el instrumento debe tener. 

Y observamos complacientes y con admiración la rápida y gran crecimiento de la obra de ustedes: personas e iniciativas se han multiplicado, grandes resultados, consolantes e insólitos, han sido alcanzados, técnicas y contenidos, se han perfeccionado. La Pía Sociedad de S. Pablo, con sus diversas ramas y con el volumen de su producción y la habilidad de su irradiación, se ha convertido de esta manera grande y vital para constituir un hecho notable en la vida de la Iglesia en este siglo.

La Pía Sociedad de San Pablo se inscribe ciertamente en la vida de la Iglesia. Y nosotros estamos gozosos de toman conciencia de este hecho consolante, y de darles testimonio, alabando al Señor.

Ustedes en la vida de la Iglesia han realizado "ante et post litteram" muchos postulados del Concilio Ecuménico en el campo de las Comunicaciones Sociales. Nosotros con mucho gusto les damos éste reconocimiento, elogio y ánimo.

Surge espontánea la pregunta: ¿Cómo ha hecho la Pía Sociedad de San Pablo para afirmarse de manera tan sobresaliente y en un tiempo relativamente breve?

Nos parece fácil la respuesta, no obstante si aun permanece llena de secretos, los secretos de las obras del reino de Dios. Dos factores, nos parece, han participado para obtener este magnífico resultado, que otros han prometido: dos voluntades, la de un hombre y la de Dios, la de un humilde y fiel siervo y la paterna y pródiga del Señor, el Cual ha ciertamente bendecido de manera particular la gran empresa de la Pía Sociedad de San Pablo. Y después ustedes Nos entienden: debemos a vuestro Fundador aquí presente, al querido y venerado P. Santiago Alberione, la construcción de vuestro monumental Instituto. En el Nombre de Cristo, Nosotros le agradecemos y lo bendecimos. He aquí: humilde, silencioso, incansable, siempre vigilante, siempre recogido en sus pensamientos, que corren de la oración a la obra (según la fórmula tradicional: "ora et labora"), siempre atento para escrutar los "signos de los tiempo", es decir las más geniales formas de llegar a las almas, nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar vigor y amplitud a su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo y con los medios modernos.

Deje, querido P. Aberione, que el Papa goce de esta larga, fiel y edificante fatiga y de los frutos que ella ha producido para gloria de Dios y para el bien de la Iglesia; deje que sus hijos gocen con Nosotros y que hoy le expresemos como quizás nunca su afecto y su promesa de perseverar en la obra comenzada.

¡Cómo signo de nuestra benevolencia y de Nuestro reconocimiento, para aliento de toda la Familia Paulina y cómo estímulo de todos los que se dedican a la causa del apostolado católico mediante la generosa promoción y el recto uso de los medios de comunicación social, Nosotros queremos hoy conferirle al venerado y venerando P. Santiago Alberione Nuestra Cruz "Pro Ecclesia et Pontifice"!

Consiéntanos, Hijos queridísimos, de corroborara con Nuestros votos el vuestro coraje empeño apostólico. Nosotros sabemos que los distintos Institutos teniendo como cabeza a la Pía Sociedad de San Pablo han comenzado, o están por comenzar, su Capítulo general especial para adaptar sus Constituciones a las normas recientes del Concilio. Esta es una óptima ocasión para todos ustedes de tomar mejor conciencia de su pertenencia a la Santa Iglesia no como simples hijos devotos, pasivos, sino como hijos laboriosos y consagrados en su interior santificación, a su espiritual y social consistencia, a su siempre nueva y dinámica difusión, para su bien y para el bien de todo el mundo contemporáneo. Tener siempre clara conciencia de la propia vocación es algo muy importante. Deben de esta manera renovar sus propósitos y sus programas; debe fortificar sus corazones con la adhesión a Cristo Señor, del cual San Pablo, vuestro y Nuestro inspirador y protector, ha sido y es maestro y ejemplo.

Han abrazado una gran causa. Y cada causa grande, mientras es fuente de espirituales energías, pide amor, dedicación y sacrificio, acarrea junto grandes responsabilidades, grandes deberes, y por eso grandes riesgos y peligros. Sí, piensen en su responsabilidad: el que se propone el apostolado como tarea de la propia vida, el apostolado potente de los medios de comunicación social, debe tener siempre delante de la propia conciencia esta responsabilidad, es decir, la de ejercer un influjo sobre las almas de otros, sobre la vida de los hombres, que están, cerca o lejos, nuestro prójimo; ese prójimo que debemos amar y servir como Cristo nos ha amado y salvado. Este sentido de responsabilidad y este amor cristiano guiarán siempre los criterios y selección de lo que se quiere comunicar a los demás.

Ustedes, ciertamente conocen lo que el Concilio ha enseñado con relación a ello, sea sobre la información, sea sobre la libertad de prensa y de comunicación. Es necesario, sí, usar los buenos derechos de investigación y de dar información; pero no es necesario nunca olvidar los deberes a lo que es inherente. "El recto ejercicio -dice el Concilio- de este derecho pide que la comunicación, en su contenido, responda siempre a la verdad, y que el respeto de la justicia y de la caridad sean íntegras; además, el que se relaciona con el modo, sea honesta y conveniente, respetando rigurosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de las noticias, como en su divulgación" y también, siempre respetando "el primado del orden moral objetivo" (Decreto "Inter mirifica", nn. 5 y 6), como siempre teniendo cuidado "con la formación y manifestación de rectas opiniones públicas". (ibid., n. 8).

Ustedes, que tienen publicaciones, las cuales han alcanzado una expansiva y popular difusión, deben siempre están vigilantes con relación a este propósito; deben evaluar, no sólo el interés que una noticia puede suscitar, sino que deben considerar los efectos buenos o nocivos que su divulgación puede producir, de manera especial en la vida católica, a la cual se dedican; y la adhesión a las orientaciones de la autoridad eclesiástica responsable la cual dará no sólo mayor crédito al trabajo de ustedes, sino mayor mérito a ésta. Ni opiniones particulares que deformen la lealtad profesional y eclesial, ni intereses extraños a la causa del apostolado, ni motivos de prestigio, u otro, nunca prevalezcan sobre la rectitud del servicio apostólico de ustedes.

En esta fe, Hijos queridos, con este voto que cada uno de ustedes pueda repetir para sí las palabras de San Pablo: "Todo lo hago por causa del Evangelio" (1 Cor. 9, 23), con gran corazón para todos y todas, les bendecimos.

   

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