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Les
hemos hecho esperar con nuestro desagrado y confiamos en la paciencia de
ustedes, pero piensen que también Nosotros debemos tener mucha para responder
a todas nuestras ocupaciones y a estos encuentros.
Estamos contentos de poder encontrarnos con Ustedes y con todo el
corazón.
¡Queridos Co-hermanos e hijos muy amados!
He aquí delante de Nosotros la Pía Sociedad de San Pablo, de Alba
(Piemonte), y ahora establecida con su Casa generalicia aquí en Roma. No es,
bien lo sabemos, una institución simple, sino una Familia, la "Familia
Paulina", compuesta por varios institutos religiosos, que hoy Nos
complace recibir cerca de Nosotros, y de esta manera poder hacer una reseña. Aquí
están: la Pía Sociedad de Pablo, que consta ya con cincuenta y cinco años de
vida, desde cuando inició su ferviente actividad y su amplia y variada expansión,
aquí también están las Hermanas de la Pía Sociedad Hijas de San
Pablo y con ellas las Pías Discípulas del Divino Maestro; las Hermanas
Pastorcitas; las Hermanas apostolinas; y representantes de los Institutos
agregados: el de Jesús sumo Sacerdote, el de S. Gabriel para los jóvenes y
el de María Santísima de la Anunciación para las jóvenes. He aquí un árbol
floreciente con una única raíz y con ocho ramas. Cuanto nos alegramos de
tenerles hoy presentes, de reflexionar sobre las actividades que realizan, y de
poderles bendecir.
Conocemos estas actividades, que todas están caracterizadas por un espíritu
y un objetivo apostólico: de ustedes es el apostolado de las ediciones, el
principal; de ustedes es el apostolado litúrgico, el apostolado
parroquial, el apostolado vocacional, y el de la intensidad de la vida
cristiana en varias categorías de personas. Y bien, recordamos cómo el
apostolado de ustedes tuvo su comienzo a través del empleo moderno de los
instrumentos prodigiosos que sirven a la así llamada comunicaciones sociales
y forma uno de los datos característicos de la Familia Paulina: sirven, es
decir, para ustedes en el apostolado: la prensa sobre todo, después la radio,
el cine, y ahora nos dicen que también los discos. Y cada uno de estos medios
expande su servicio a diversas tareas: los libros, los periódicos, las
revistas, las ediciones de las Santas Escrituras, las publicaciones litúrgicas,
los catecismos, los cursos de cultura religiosa por correspondencia, y así
sucesivamente. Y a este florecimiento de distintas formas de difusión del
pensamiento y de la palabra cristiana hace contraste con la difusión geográfica
de las iniciativas de ustedes: la obra de ustedes alcanza ya cada continente,
muchas naciones; asume características misionera y se abren por todas partes vías
nuevas de penetración apostólica. Si nuestra observación es exacta, dos
virtudes prácticas distinguen e confieren eficacia al método expansivo de
ustedes: es decir, la continuidad, la constancia, la perseverancia, nada de
diversión o de improvisación, y justamente ésta parece ser una de las
características del Fundador de ustedes: la continuidad en las varias
iniciativas. Y la segunda virtud práctica es la capilaridad de la difusión
de dichas iniciativas...
He aquí estas valientes Hermanas de ustedes, que van por todas partes. Decíamos
en una audiencia que nos hacen pensar en las hormigas que van por todos lados...Podríamos, estando siempre dentro de las comparaciones que nos
ofrecen la naturaleza, pensar a las abejas, que hacen las colmenas y llevan la
miel, y dan vueltas de acá y para allá, y después vuelven a su centro,
creando también en el campo animales, estos prodigiosos
insectos, tiene un sentido de la comunidad y de la sociedad entre los vivientes.
La capilaridad, decíamos, de su difusión, es lo que deja entrever otras
virtudes - morales y espirituales, éstas, ya que no bastan las prácticas,
sostienen este trabajo: y son las virtudes a las cuales elogiamos con cariño
que les recomendamos siempre cultivas es decir: la sabiduría administrativa (¡hagamos
las cuentas! nos lo dice el Evangelio: prius computans sumptus), el ojo
vigilante (también esto parece una cosa simple) sobre las necesidades de
nuestro tiempo, el ansia de llevar alimento y consuelo a los hombres de hoy,
el espíritu de fidelidad y de sacrificio para dar al instrumento técnico su
eficacia, la caridad en la verdad.
¡Cuántas personas viven en el propio tiempo sin ver nada! ¡Se diría que es
miope o ciega: para no ver que aquí hay almas que tienen necesidades! ¡Pero no
ven que aquí está la posibilidad de hacer el bien!¡No ven que aquí hay
necesidad urgente de intervenir! ¡No ven que aquí hay un apelo de la
caridad! ¿No ven que aquí hay necesidad de que alguien se sacrifique y que
sirva?
Ahora, es esta vigilancia que el Evangelio nos recomienda tanto: y ella ha
sido virtud de la Institución de ustedes.
Y después, y después... Nosotros recordamos algunos hechos particulares de
nuestro período pastoral en Milán: teníamos muchas ocasiones para
participar en inauguraciones de edificios muy hermosos, escuelas u otras
cosas, y nos venía siempre a la mente esta consideración: la civilización
moderna crea magníficos instrumentos, como si uno creara un bellísimo
pianoforte, pero no crea a quien pueda tocar este pianoforte; crea las
escuelas, pero no crea a los maestros, o maestros que puedan hacer el bien a
los alumnos, a las almas, maestro de los cuales tiene necesidad sus vidas, su
salvación. Somos mas expertos en crear instrumentos que en crear movimientos
espirituales verdaderos. El cristianismo, en vez, muchas veces es despojado de
instrumentos, pero tiene esta virtud y esta dignidad príncipe de la
palabra y de la gracia.
Y ustedes han sabido unir estas cosas: el instrumento con el fin, el
objetivo y el contenido que el instrumento debe tener.
Y observamos complacientes y con admiración la rápida y gran crecimiento de
la obra de ustedes: personas e iniciativas se han multiplicado, grandes
resultados, consolantes e insólitos, han sido alcanzados, técnicas y
contenidos, se han perfeccionado. La Pía Sociedad de S. Pablo, con sus
diversas ramas y con el volumen de su producción y la habilidad de su
irradiación, se ha convertido de esta manera grande y vital para constituir un
hecho notable en la vida de la Iglesia en este siglo.
La Pía Sociedad de San Pablo se inscribe ciertamente en la vida de la
Iglesia. Y nosotros estamos gozosos de toman conciencia de este hecho
consolante, y de darles testimonio, alabando al Señor.
Ustedes en la vida de la Iglesia han realizado "ante et post
litteram" muchos postulados del Concilio Ecuménico en el campo de las
Comunicaciones Sociales. Nosotros con mucho gusto les damos éste
reconocimiento, elogio y ánimo.
Surge espontánea la pregunta: ¿Cómo ha hecho la Pía Sociedad de San Pablo
para afirmarse de manera tan sobresaliente y en un tiempo relativamente breve?
Nos parece fácil la respuesta, no obstante si aun permanece llena de
secretos, los secretos de las obras del reino de Dios. Dos factores, nos
parece, han participado para obtener este magnífico resultado, que otros han
prometido: dos voluntades, la de un hombre y la de Dios, la de un humilde y
fiel siervo y la paterna y pródiga del Señor, el Cual ha ciertamente
bendecido de manera particular la gran empresa de la Pía Sociedad de San
Pablo. Y después ustedes Nos entienden: debemos a vuestro Fundador aquí
presente, al querido y venerado P. Santiago Alberione, la construcción de
vuestro monumental Instituto. En el Nombre de Cristo, Nosotros le agradecemos
y lo bendecimos. He aquí: humilde, silencioso, incansable, siempre vigilante,
siempre recogido en sus pensamientos, que corren de la oración a la obra (según
la fórmula tradicional: "ora et labora"), siempre atento para
escrutar los "signos de los tiempo", es decir las más geniales
formas de llegar a las almas, nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos
instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar vigor y amplitud a su
apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la
posibilidad de su misión en el mundo y con los medios modernos.
Deje, querido P. Aberione, que el Papa goce de esta larga, fiel y edificante
fatiga y de los frutos que ella ha producido para gloria de Dios y para el
bien de la Iglesia; deje que sus hijos gocen con Nosotros y que hoy le
expresemos como quizás nunca su afecto y su promesa de perseverar en la obra
comenzada.
¡Cómo signo de nuestra benevolencia y de Nuestro reconocimiento, para aliento
de toda la Familia Paulina y cómo estímulo de todos los que se dedican a la
causa del apostolado católico mediante la generosa promoción y el recto uso
de los medios de comunicación social, Nosotros queremos hoy conferirle al
venerado y venerando P. Santiago Alberione Nuestra Cruz "Pro Ecclesia et
Pontifice"!
Consiéntanos, Hijos queridísimos, de corroborara con Nuestros votos el
vuestro coraje empeño apostólico. Nosotros sabemos que los distintos
Institutos teniendo como cabeza a la Pía Sociedad de San Pablo han comenzado,
o están por comenzar, su Capítulo general especial para adaptar sus
Constituciones a las normas recientes del Concilio. Esta es una óptima ocasión
para todos ustedes de tomar mejor conciencia de su pertenencia a la Santa
Iglesia no como simples hijos devotos, pasivos, sino como hijos laboriosos y
consagrados en su interior santificación, a su espiritual y social
consistencia, a su siempre nueva y dinámica difusión, para su bien y para el
bien de todo el mundo contemporáneo. Tener siempre clara conciencia de la
propia vocación es algo muy importante. Deben de esta manera renovar sus propósitos
y sus programas; debe fortificar sus corazones con la adhesión a Cristo Señor,
del cual San Pablo, vuestro y Nuestro inspirador y protector, ha sido y es
maestro y ejemplo.
Han abrazado una gran causa. Y cada causa grande, mientras es fuente de
espirituales energías, pide amor, dedicación y sacrificio, acarrea junto
grandes responsabilidades, grandes deberes, y por eso grandes riesgos y
peligros. Sí, piensen en su responsabilidad: el que se propone el apostolado
como tarea de la propia vida, el apostolado potente de los medios de
comunicación social, debe tener siempre delante de la propia conciencia esta
responsabilidad, es decir, la de ejercer un influjo sobre las almas de otros,
sobre la vida de los hombres, que están, cerca o lejos, nuestro prójimo; ese
prójimo que debemos amar y servir como Cristo nos ha amado y salvado. Este
sentido de responsabilidad y este amor cristiano guiarán siempre los
criterios y selección de lo que se quiere comunicar a los demás.
Ustedes, ciertamente conocen lo que el Concilio ha enseñado con relación a
ello, sea sobre la información, sea sobre la libertad de prensa y de
comunicación. Es necesario, sí, usar los buenos derechos de investigación y
de dar información; pero no es necesario nunca olvidar los deberes a lo que
es inherente. "El recto ejercicio -dice el Concilio- de este derecho pide
que la comunicación, en su contenido, responda siempre a la verdad, y que el
respeto de la justicia y de la caridad sean íntegras; además, el que se
relaciona con el modo, sea honesta y conveniente, respetando rigurosamente las
leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda
de las noticias, como en su divulgación" y también, siempre respetando
"el primado del orden moral objetivo" (Decreto "Inter
mirifica", nn. 5 y 6), como siempre teniendo cuidado "con la
formación y manifestación de rectas opiniones públicas". (ibid., n.
8).
Ustedes, que tienen publicaciones, las cuales han alcanzado una expansiva y
popular difusión, deben siempre están vigilantes con relación a este propósito;
deben evaluar, no sólo el interés que una noticia puede suscitar, sino que
deben considerar los efectos buenos o nocivos que su divulgación puede
producir, de manera especial en la vida católica, a la cual se dedican; y la
adhesión a las orientaciones de la autoridad eclesiástica responsable la
cual dará no sólo mayor crédito al trabajo de ustedes, sino mayor mérito a
ésta. Ni opiniones particulares que deformen la lealtad profesional y
eclesial, ni intereses extraños a la causa del apostolado, ni motivos de
prestigio, u otro, nunca prevalezcan sobre la rectitud del servicio apostólico
de ustedes.
En esta fe, Hijos queridos, con este voto que cada uno de ustedes pueda
repetir para sí las palabras de San Pablo: "Todo lo hago por causa del
Evangelio" (1 Cor. 9, 23), con gran corazón para todos y todas,
les bendecimos.
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