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La
publicación de los escritos y los documentos del Fundador, relativos a la
Familia Paulina y a la Congregación ha favorecido la profundización del
carisma que hemos recibido por parte de todas. Esto vale para aquellas de
nosotras que lo ha escuchado decir: "Las cosas que les he dicho con
relación a vuestro apostolado es para ustedes pan sustancioso" (Sábado
santo 1942, AS, p. 27) y para aquellos que lo conocen a través de las
publicaciones, estudios e investigaciones realizadas por Pastorcitas y
aprobadas en las Universidades.
Quisiera
comenzar con las palabras que el P. Alberione dirigió a las primeras
Pastorcitas y que hemos repetido en la invitación anterior:
"Ustedes
no copien un lado de la vida de Jesús, sino toda su vida, que es el Camino, la
Verdad y la Vida. Ustedes son las hermanas que mucho más que las otras copian
la vida pública del Salvador, sienten más que todas la responsabilidad de
compartir su ministerio de Pastor. Ustedes están en la Iglesia justamente para
dar vuestra ayuda y vuestro apoyo a los sacerdotes e imitar de esta manera la
vida pastoral de Jesús, para que se forme pronto un solo rebaño bajo un solo
pastor". AS, p. 24.
Entre
tantos textos de Alberione me parece que éste diga en síntesis el sentido más
profundo y original de nuestra vocación en la Iglesia.
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Copiar
la vida pública del Salvador. No
era ciertamente fácil, en los inicios de este siglo, ni usual para las
religiosas copiar la vida pública del Salvador, sobretodo cuando la
espiritualidad corriente estaba centrada mas que nada en la imitación de la
vida escondida de Jesús, o de Jesús que sirve a los pequeños, los pobres,
los enfermos. ¿Qué entendía el Fundador con esta expresión? El,
ciertamente pensaba en una vida religiosa apostólica, ágil, dúctil,
simple, inserta entre las personas, en pequeñas comunidades, viviendo en
medio de las casas de los demás, con la puerta siempre abierta,
compartiendo la vida cotidiana de la gente, con la intención de hacer
crecer y consolidarla vida cristiana en todas sus dimensiones y en
los distintos momentos de la vida, desde el nacimiento hasta el retorno al
Padre. Copiar la vida de Jesús en el sentido de poder evangelizar de casa
en casa, de pueblo en pueblo o en las grandes periferias urbanas, de manera
visible, con la Palabra y con el testimonio de la vida, acercando Jesús a
la gente y la gente a Jesús.
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Compartir
su ministerio de Pastor . Esta
también nos parece una intuición muy audaz si se le aplica a las mujeres.
No se trata solamente de desarrollar mansiones, sino de compartir el
ministerio pastoral de Jesús. El verbo "compartir" es muy
fuerte, ya que expresa una participación desde el interior a la misión de
Jesús Pastor, que conoce y ama a sus ovejas y por ellas da la vida. Es el ministerio
de apacentar, según la regla pastoral de la primera carta de Pedro:
"Apacienta el rebaño de Dios que está en ustedes" y que
Alberione ha tenido el coraje de aplicar a nosotras. Hemos recibido como don
el carisma de apacentar en manera distinta pero complementario a aquel
de los pastores: ellos mediante el sacramento del orden, nosotras mediante
la consagración religiosa. Esto nos hace intuir que ser hermana de
Jesús Buen Pastor, hermanas Pastorcitas, significa ser religiosas y
pastoras, uniendo en un solo carisma el don de la vocación religiosa y el
don del ministerio pastoral. Esto también es algo inédito en la Iglesia
para las mujeres, porque normalmente sólo los grandes pastores de la
Iglesia, como Agustín, Gregorio Magno, o en nuestros días el card.
Martini, que son llamador por Dios para unir el carisma de la vida religiosa
con el ministerio pastoral. La misión de apacentar se nos ha confiado
como comunidad, nos pide de poner el signo de la comunión y de la
reciprocidad en el corazón de la comunidad cristiana, justo en el acto de
servir al pueblo de Dios, de servir a la humanidad en la búsqueda del
sentido pleno de la vida, de saber indicar la meta del camino hacia la Vida
y la comida que alimenta, Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios.
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Ustedes
están en la Iglesia justamente para dar vuestra ayuda y vuestro apoyo a los
sacerdotes e imitar de esta manera la vida pastoral de Jesús. También
en esto el P. Alberione ha sido al mismo tiempo original y fiel a la manera
de actuar de Dios. El nos decía muchas veces que como en la obra de la
creación "no está bien que el hombre esté solo" y Dios
le hizo una ayuda que fuese parecida, de esta manera en la obra de la
redención el hombre y la mujer deben permanecer juntos, por eso a Jesús se
ha asociado María, a los apóstoles las mujeres anunciadoras de la
resurrección, al apóstol Pablo la evangelizadora Tecla, y así en toda la
historia de la Iglesia, Jerónimo y Paola, Crisóstomo y Olimpia, Benito y
Escolástica, Francisco y Clara, sólo para recordar los más populares.
Como linfa vital del Espíritu Santo el hombre y la mujer de Dios han
alimentado el camino del Evangelio y hecho trasparente el misterio de
comunión y de reciprocidad que está en Dios, el misterio Trinitario. De la
misma manera, continuaba el P. Alberione, el Señor ha querido a las
Pastorcitas al lado de los pastores, para que también en el ministerio
pastoral haya una complementariedad que da al término "apacentar"
las distintas tonalidades del misterio de Cristo Pastor. La imagen
cristológica del Pastor expresa en las Escrituras, una connotación materna
y tierna del amor de Dios. Además el gesto de "apacentar" expresa
justamente ese nutrir, hacer crecer y sustentar la vida que son funciones
típicas de la madre.
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La
imagen de Jesús Buen Pastor que el Fundador nos ha dejado
no es aquella del arte paleocristiano del buen Pastor con la oveja sobre su
espalda, ni otras parecidas, que también son muy hermosas y sugestiva. Para
nosotras Pastorcitas la imagen más apropiada es aquella de Jesús Buen
Pastor Crucificado, que llevamos como distintivo, porque es
justamente en el gesto de dar la vida que se revela el Pastor que muere para
llevar al Padre los hijos perdidos, por reunir el rebaño disperso. Es sobre
la cruz que se cumple la expresión: ego sum pastor bonus joánico,
justo porque el Pastor Jesús es el Cordero inmolado y resucitado que nos
guía a las fuentes de la Vida.
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También
el icono mariano de Alberione, con
relación a nosotras como Pastorcitas, tiene una nota de originalidad.
Según él, durante la vida pública de Jesús, su madre María lo seguía y
colaboraba en su obra de evangelización: "La Virgen durante la vida
pública de Jesús, vivió con él no tanto como Madre sino como primera y
humilde discípula,… Jesús predicaba, María escuchaba, meditaba en su
corazón y después repetía a las santas mujeres y a quien podía acercar
la Palabra de su Hijo, con la única intención de llevar los corazones
hacia Jesús" (En la fuente p. 25, 1942). María es Madre de Jesús
Buen Pastor, la buena Pastora, sobre todo a los pies de la cruz. En aquella
actitud de estar bajo la cruz de Jesús, María manifiesta plenamente su
pastoralidad. Es la imagen espléndida de la pastoralidad femenina. Mientras
del costado abierto de Cristo, nuevo Adán, nace la Iglesia su esposa,
María la recibe en su seno en la persona de Juan. El pastor que muere por
reunir a los hijos que están lejos de Dios (Jn 11,52) ofrece también una
Madre para que estos hijos no se pierdan. Y la madre está allí, signo de
la Iglesia, para dar a luz en el amor y en el dolor, en el agua y en el
Espíritu Santo, hijos en el Hijo. María es nuestro modelo de maternidad
espiritual particularmente por su comunión íntima y participación en la
misión pastoral de Jesús, en llevar entre sus brazos la Iglesia naciente y
en acompañar en su crecimiento y desarrollo. También nosotras, por
vocación, recibimos en don poder ser madres y hermanas de todos aquellos
que forman el pueblo de Dios.
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Para
nosotras Pastorcitas, que formamos parte de la Familia Paulina, no
nos puede faltar la referencia al apóstol Pablo, pero también he aquí una
nota de originalidad y reciprocidad. El P. Alberione quiso que no solamente
Pablo sino también Pedro fuese inspirador de nuestra pastoralidad. Pedro y
Pablo, apóstoles y pastores, en reciprocidad, al servicio del Evangelio. La
referencia a Pedro subraya la valencia institucional de
nuestro carisma, la atención a la comunión eclesial en la acogida de la
diversidad, alrededor de Jesucristo y con los pastores de la Iglesia, para
que sea custodiada y transmitida íntegra el depósito de la fe. La
referencia a Pablo subraya la valencia profética de
nuestro carisma, la apertura y disponibilidad a lanzarse hacia adelante, a
las fronteras de la evangelización y ayudar a las comunidades cristianas a
permanecer abiertas a los desafíos de la misión. Hoy, nosotras como
Pastorcitas, tenemos el desafío más difícil que nos espera, conjugar
juntos el carisma petrino y paolino.
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Por
la exigencia de totalidad del Fundador nosotras somos llamadas a apacentar
teniendo presente la pastoral de conjunto con la comunidad
cristiana, en el constante tejido de relaciones entre las distintas
vocaciones, justamente porque las vocaciones cristianas están integradas
una en la otra. La capacidad de colaborar y de suscitar colaboraciones
nuevas al servicio del Evangelio es una virtud típica de nuestra vocación.
Se nos pide también una capacidad de planificación que conste no sólo de
buenos métodos pastorales sino sobre todo de la sabiduría del corazón,
que sabe acoger las razones más profundas de la pastoral de conjunto y sabe
poner en el justo orden los valores y las iniciativas.
Me
gustaría concluir dando una vez más la palabra al Fundador, en un comentario
suyo al capítulo 10 de Juan, en el cual expresa la identidad espiritual y
apostólica de la Congregación:
"Las
Pastorcitas son almas
que han penetrado la doctrina de Jesús,
que han adquirido la caridad de Jesús
que viven todas unidas a Jesús y son
solamente de Jesús;
que después se dividen en pequeños
grupos,
que se establecen en una parroquia,
en la cual consideran a las almas como propias por adopción;
a ellas se sienten unidas por la vida, por la muerte, por la eternidad,
en una única aspiración salvarles a todas;
y colaboran en el apostolado
con el párroco en instruir y custodiar;
en destruir el mal y hacer el bien;
llevar a la vida cristiana y a la buena
muerte;
comenzando por los niños, adolescentes,
mujeres...
con la planificación del párroco y el amor;
morir cada día para salvar cada día;
sin contentarse de la buena muerte
sino ayudando a los necesitados.
Ellas serán las hermanas, las madres,
las maestras, las catequistas,
las consoladoras di cada dolor,
un rayo de luz y de sol benéfico y continuo en la parroquia"
(AS, p.70, 1947).
Giuseppina
Alberghina, sgbp
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